jueves, 11 de diciembre de 2008

LA VOZ DORMIDA [I]

Sólo soy la sombra de una voz,
la Voz Dormida.

Ha tiempo desperté.
Fuí la conciencia de muchos,
inspiradora de teorías,
de revolución y genocidio;
nacimientos y suicidios.

Me sumí en un letargo,
inexistente pero eterno,
reparador;
bálsamo de penas.

Y ahora se solicita mi entrada,
me llamais, me despertais.
Yo, obediente, acudo a vuestra llamada.
¿Por qué me llamais?


[...]

Y te preguntarás quién soy.
Bien, te diré qué soy.
Soy de un sitio, de un lugar,
de un tiempo que llaman eternidad,
y al viento, mi hogar.

Donde la realidad puedes cambiar
si sabes preguntar,
y no das nada por hecho.


¿A qué sabe el dolor?
¿Es eterno el amor?
¿La amargura es mujer?
¿De qué están hechos los sueños?
¿Cuánto pesa un adiós?
¿Por qué es muda la paz?
¿Puede dormir la traición?


Y verás que mi voz
vive en tí. Soy la Voz Dormida.


Yo soy tu Dios.
Para tí soy él.
Para ella soy otro.


He ardido en mil hogueras,
me violaron en Perú,
he vivido el holocausto, apatheid,
dictaduras, poder, pederastia,
la marca del diablo
es la cruz.


Yo soy tú.


[G]

1 comentario:

Nemo dijo...

Esto se va poniendo más interesante. Me ha recordado un poema de John Donne que dice algo así como: Nadie va dormido cuando camina hacia el patíbulo. Poético, pero falso.