
He visto cómo el mar mordisquea al cielo con sus olas....
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He escrito con los dedos sobre el aire impaciente...
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He visto cómo el viento, acelerando como un vendaval se lleva las palabras con él, ladrón consentido de intimidades. Es el cartero que, sin un ápice de fatiga, acerca las palabras más secretas a los destinatarios más distantes. Fuerte, veloz y viajero, turista incansable con pasaporte a todas partes, no hay lugar donde no pueda arribar, no se demora en sus entregas más que para agitar todo aquello que nos empeñamos en dejar liso.
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Si el viento sopla, cierra los ojos y deja que te susurre cerca de los margenes de tu cuello, en la comisura de tu nuca, deja que agite tu pelo y deja que entre por cada hueco de tu ropa...

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